14 November, 2014

Perfecto

-Un poco arriba del caballo, ¿no te parece?
-Y, estamos en el año del caballo.
-Claro, tiene sentido. Capaz vos deberías empezar a creértela un poco más, y listo.
-Capaz. Capaz todos deberíamos hacer lo que hacen los demás y seguro así mejoran las cosas.
La conversación se me iba para lo tedioso.
-Vos esperás demasiado de la gente. ¿Cuándo te vas a resignar a entender que son todos unos hijos de mil puta?
-Ni bien pueda.
A ninguno de los dos nos causaba gracia la discusión. Ella me comentó, o más bien dijo al aire:
-Nadie quiere cambiar esto.
-Por cagones -exploté-, porque nadie está bien así.
El teléfono tenía cuatro llamadas perdidas y un mensaje. ¿Podría ser cierto que estuviéramos todos enamorados del espejo? Lacan se daba cuenta y lo decía, o alguien que transcribía sus balbuceos creía que lo decía. Yo solamente podía sentir asco. Lacan también decía que el sujeto se identifica con el deseo del otro, de un otro que aparece como la imagen de completud y de competencia.


No resisto la repulsión de ver a la mayor parte de la gente invirtiendo su vida en ser como alguien más, queriendo disolverse en la pertenencia de los grupos, de los clanes y los clubes, despreciando lo que tenemos pero sin animarnos a pegar el salto por miedo a perderlo. Soñando y construyendo una existencia vacía, fabricada para el olvido.
-¿Otra vez con ese disconformismo retórico?
-Dejame en paz.
-Sabés que ese todos no existe, ¿cierto? Sabés que estás hablando de gente con nombre y apellido.
Me quedé mirando el techo.
-¿Entonces qué te pasa? ¿Vas a volver a como estabas antes?
-No entiendo qué opciones me quedan.
-O sea que sí. Perfecto. Seguí culpando a la gente. Claramente es lo que te hace falta.
Suspiré. Pocas personas nos quieren lo suficiente como para decir lo que no queremos escuchar, pero que necesitamos como el agua. Está la gente que disfruta encontrando algo que pueda lastimarnos, sobran esos miserables; pero quienes se arriesgan a perdernos por decirnos la verdad son los realmente incondicionales.

03 November, 2014

Zwitter


Adiós a las ballenas francas y los ocelotes. Vayamos pidiendo la cuenta.
Cumbia nena.
Olvidate.
Hay un amor extraño entre el universo y el vacío. Lo que nos gusta, nos trae problemas.
El misterio es zwitter.
Es la flor del sueño en la mano de la realidad.
Literatura es más que la eterna regurgitación de un todo incomprensible.
Para los que saben, confusión. Para los que más saben, incomprensión.
Pobres tontos. Nos miraban como diciendo no, chicos, esto es la realidad, pero todos sabemos que esto no es la realidad. Es un sueño hermoso del que vamos a despertar muy pronto.
Lo que puedas ver, sentir de cualquier forma, recordar, es mucho mejor que la realidad. En realidad todos estamos durmiendo mientras cultivan nuestra carne. El mundo es una fantasía, y hay un mundo por persona. El cotidiano ejercicio de lo básico es la jactancia de los intelectuales. Es la maestría.
Los atletas todavía se tatúan su nombre en chino, y romper tradicionalmente las leyes sigue siendo irresistible para la supervivencia de la la la mediocridad.
Además, en el momento de darse cuenta, ella prefirió contagiar a alguien para no morirse sola.


13 October, 2014

Una mujer busca una casa



 Una mujer busca una casa. Yo no puedo decir nada, pero eso es cierto. La vida le dijo que no sé, y ella la sueña, la imagina, la siente en el cuerpo y la dibuja. A veces creo que en su error sigue buscando alguien que la acepte, o me equivoco.
 La casa es felicidad, siempre para otros. Nunca es perfecta; crece según esas reglas de espejos que no se cruzan, de escaleras, de ventanas sin rejas protegidas por un árbol. Está hecha de miedos e intimidades, como cualquier otra promesa, y es diferente en la medida en que es intensa.

20 September, 2014

ÚLTIMO MOMENTO



 Los economistas no lo ignoran. Tampoco es que sea una mentira; las curiosidades son exactamente eso, realidades negadas por el sentido común. La moral no puede justificar el poder, no puede. No hay ley, ni existe la justicia. Tampoco vendrán los años a resignificarlo, nada lo puede cambiar. Somos todos hermanos, por eso nos hacemos lo que nos hacemos. La mano tira de la cortina y la actriz grita, las cosas pasan en la imaginación; siempre fue así, desde que el mundo es mundo.
 Si alguno tuviera la fuerza para trepar hasta el santuario del mono sabio, no podría soportar el peso de su pregunta. Porque la probaron, la probaron en el desierto, y cuando vieron de lo que era capaz, ¿Sintieron compasión? ¿tuvieron miedo? Claro que no. Sonrieron. Y no está mal que así fuera, porque tenían en las manos algo nuevo.
 Mi miedo.
 El ojo no mira desde ningún lado, llenamos la vida de pequeños sentidos por algún motivo. Los abuelos se enojan si no les creemos. Entonces agarramos el cuchillo, que siempre está afilado, y la culpa es de los negros, y blabla. La rabia es contra el vacío; yo no quiero ser una máquina. Viviendo en la epidemia, me contagio y contagio a otros. A nadie le importa si te estás perdiendo, ¿entendés? Vos estás loco. Si no desconfiás, si podés seguir sin sentir nada, estás loco. Tenés las manos en el fuego, ¿Qué estás haciendo? ¿Qué hiciste?
 No me mientas, no te culpes. Bailando coreografías, como una abeja, jugando esos juegos. ¿Quién está más enfermo? ¿Caperucita o el lobo? Así no funciona, ¿cierto? Pero alguien le saca filo al cuchillo, y si tuvieras el valor podrías escucharlo. La locura que se extiende como un cáncer, todos los pequeños milagros cotidianos que hacen para no caerse como títeres huecos, el escaso valor del dinero, los ensayos nucleares. Su timidez de coneja, y la furia con la que me saltó encima, ni bien tuvo la oportunidad.

11 September, 2014

TRAJES Y BINOCULARES~

¿Otra vez? -pregunta a los gritos un tipo que ya no es joven-, ¿otra vez...? -repite, como esperando del resto una revelación epifánica. Nadie le da pelota, le son indiferentes como a todo el zoológico frenético que se junta en el hipódromo. Y, para ser un martes a las dos de la tarde, hay una cantidad considerable de viejos puteando caballos.
Esta escena es simple y sencilla: verde, azul y binaria, como la bandera bonaerense. El espectáculo, entretenido; el público, resignado. Los hombres solos, al rededor de los 50 y largos, constituyen el mayor porcentaje de los espectadores. Generalmente son tipos anchos, casi pelados, siempre con lentes de marco grueso y la revista hípica bajo el brazo. Dan con el estereotipo de “vieja escuela” tanguera, pero habría que ver cuánto de eso no es una puesta en escena, casi una imitación. Porque estos nenes escucharon mas a Los Beatles que a Goyeneche, se les nota en sus caras de truhanes setentistas.
Al ingresar por el prolijo parquecito del Club Hipódromo, el espectador serpentea entre los puestos de comida al aire libre, hasta llegar a las tribunas: la Oficial y la Paddock, que son escencialmente lo mismo, con la leve diferencia que la Oficial es mas “familiera” y en la Paddock se concentra la apuesta pura y dura.
-¿Otra vez? -sigue el tipo, dándole un tono distinto a su plegaria, casi como si los demás le debieran explicaciones. Está apoyado contra la baranda de la tribuna Oficial, mal afeitado, y tiene una mancha de vino en la corbata torpemente atada. Su inquisición se convierte paulatinamente en afirmación, a medida que los caballos doblan la curva:
-Otra vez... ¡Otra vez!
Y así, subiendo de tono hasta gritar con entonación profética, “Otra vez, otra vez”, mientras algún caballo estira el cogote por delante de los demás, el viejo cae en un estado de euforia desmedida, golpeando el aire con los puños, en tanto que los demás maldicen por lo bajo, y descargan su resentimiento trozando en dieciséis pedacitos los comprobantes de sus apuestas. Suena el megáfono, para anunciar algo incomprensible, y todos se relajan. Incluso el ganador vuelve a poner cara de nada, y varios de los que estaban absortos mirando la carrera por el monitor, se giran para reír con sus compañeros (colegas o competencia) y pedir algo para tomar. Algunos de ellos, aprovechan para conversar con sus esposas; otros buscan a sus hijos, a los que descuidan entre apuesta y apuesta.



El ambiente se relaja y se distiende. En lo alto de la tribuna Oficial, están el restaurante y la barra. No vale la pena mencionar las máquinas para tomar apuestas, porque están por todos lados: a la vuelta de la entrada, en los puestos de comida, en la planta baja, junto a las mesas, en el café. O prácticamente en todos lados: solo se salvan los baños. No, lo que caracteriza al restaurante es su indeterminación, su mezcla rara de casino con restobar familiar. Desde estas alturas, el auténtico grupo de ludópatas sostiene al negocio del hipódromo.
Son hombres serios, que visten de traje y no miran la carrera por la pantalla del televisor sino que la estudian detrás de un par de binoculares al pie de la ventana. De ellos se trata todo esto; adornados con pañuelos o sombrero de ala corta, los caballeros apuestan sin dudar $300 encima de improbables combinaciones, cada diez o quince minutos. Cuando pierden, no lloran; y cuando ganan no gritan. Si se los mira a los ojos sin discreción, todos tienen cara de estar ocultando algo; como probables tahúres que son, les incomoda la atención de los desconocidos cuando llevan un fangote de guita en los bolsillos.
El sector distinguido del restaurante, es el área VIP. Allí brindan, alegres, las autoridades del hipódromo con sus invitados de alta categoría; hombres y mujeres de Palermo o San Isidro que se ganan la vida con el deporte de los reyes. Sacando la alfombra y el aterciopelado de las paredes, el VIP no concentra mayores diferencias con el resto del lugar. Al jefe se lo reconoce porque, de los hombres de traje, es el único que sonríe y no lleva la revistita bajo el brazo.
La revista hípica es el instrumento, la herramienta indispensable para quien busca apostar; y, al igual que las máquinas, está presente en todos los rincones. Un hombre lisiado la vende bajo una sombrilla demasiado discreta.
-¿Cuánto está? -pregunta una chica.
-Doce y Quince.
-¿Y cuál es la diferencia?
-Ninguna... -contesta reflexivamente el lisiado- realmente, ninguna.
-Bueno, dame la de doce.
-Sale trece.
Una tonada paraguaya interrumpe desde lejos:
-¡El maestro! ¿Cómo le va, maestro?
-Acá tirado -contesta con desaire, pero agrandado, el vendedor de revistas.
-¿No quiere un mate? -pregunta el paraguayo, estirando la mano para saludar. Es un tipo flaco, morocho, de traje nocturno, cadenita dorada y camisa abierta hasta el pecho.
-No, gracias. Antes tomaba mucho mate, pero ahora ya no puedo.
-Y, mucho nunca es bueno.
-Como todo.
-¡Ahí está! El que sabe, sabe, ¿cierto?
-Y el que no se va a su casa -contesta, secante, el lisiado. La chica se aleja, sin despedirse.
Así se desliza la tarde para los burreros. Un viejo solitario, parecido a Bioy Casares silba un tango. La letra dice: “Lo que vos soñás, hermano/ es difícil de encontrar/ Se quebraba de bancar, la soledad del domingo/ y que el fútbol y los pingos/ comienzan a no alcanzar”. Es exactamente lo que sucede después de pasar un buen rato ahí adentro; el tiempo transcurre, y al final del día un sinsabor generalizado invade a los concurrentes, quizás la amargura de la recurrencia.
El viejo se para, atento a la pista, y grita unos números al azar: “Dos, cuatro, diez, seis”. Se lleva las manos al gorro, e improvisa una lección doctoral de malas palabras en castellano lunfardo. Termina la carrera, algunos viejos se abrazan y saltan; el del tango grita: “¡Esta es una fija, carajo!”, tose ruidosamente y escupe un tumor verde sobre la escalera. Pasa la euforia, y alguien termina el comentario que había dejado en el aire:

-¿Un campo en formosa? Está loco...

27 August, 2014

Tachame la doble

 Ahora que te conozco, creo que te entiendo mejor, pensó. Pero no se lo dijo.
 Seguramente algo de esa intención se le filtró por la mirada, porque ella, cruzando las piernas sobre las suyas, preguntó:
 -¿Te parece que soy inmadura?
 Ya habían trascendido el punto en que la sinceridad puede lastimar el orgullo, aunque no habían puesto aún esa sinceridad a prueba. Simplemente, habitaban el territorio llamado intimidad.
 -La gente madura me aburre -contestó enseguida, sobreanalizando la pregunta.
 Disfrutaban del sol de la tarde, acostadas, una sobre la cama y la otra sobre un colchón que habían puesto bajo la ventana. Hablaban sin mirarse, como personas que conocen su afinidad.
 -A veces me preocupa no tener nada planeado para el futuro.
 -¿Nada como qué?
 -No se... no me imagino teniendo trabajo, hijos y todo eso. O sea, me encantaría, pero no creo que pase.
 Sonaba un concierto de piano en la pieza de al lado.
 -Hace tanto que no pienso en eso -se giró para verla-, ¿qué te imaginabas cuando eras chica?
 -Nada, qué se yo. Que me iba a hacer famosa cantando -dijo riéndose, y se rieron las dos. Siguió diciendo:
 -Es como si todo el mundo hubiera aceptado que no puede hacer lo que le gusta. Estoy cansada de sentir que me miran como a una loquita. ¿O no? ¿O no es verdad que la gente es resentida porque le molesta ver que se puede estar bien sin tener que "ganárselo"? -hizo las comillas con los dedos-. No me cierra que la opción lógica sea sacrificar siempre lo más personal. O sea, estamos jugando a la generala, y todos andan ansiosos por tachar la doble; bueno, yo no quiero tachar la doble, por mí que sea doble o nada.
 -Eso mismo. Doble o nada.




Se dio cuenta que estaba excediéndose: era su primera confesión de inseguridad. Había algo de admiración no recíproca entre ellas, que era parte de las reglas en la relación. Volvieron a mirar hacia el techo.
 -¿Bach?
 -¿Qué?
 -La música.
 -Ah, si. Las variaciones de Goldberg.
 -Me encanta boluda. Me hace pensar en abejas y toda la pavada.
 -Dura un par de horas.
 -No tengo apuro.
Se quedaron calladas, con los pies al sol que hacía brillar las partículas de polvo. María se incomodaba mucho con la gente, y lo resolvía fumando veinte cigarrillos por día; en la misma situación, con cualquier otra persona, ya se habría fumado dos o tres. Pero no existía esa situación con otra persona.
 -Si fuera chabón me dejaría la barba -comentó. Era lo que le cruzaba por la cabeza en ese momento, lo compartió para no hacerle sentir que la conversación había terminado.
 -Yo sería re puto -contestó, con calma, recostando la cabeza sobre los dedos entrecruzados.
 -De una, y haría boxeo.
 -Todo para tener mas levante, obvio.
 -Si, obvio. Además para que no me saquen la ficha.
 -¿Y manejarías una camioneta?.
 -Claro.
 -Yo te re daría.
 -Tendrías que ser puto, pero no tener barba; ya los dos con barba me daría mucho asco.
 -Claro. "Tachame la doble".

24 July, 2014

SIGNO DE INTERROGACIÓN ABIERTO

-¿En qué pensás?
-En que no entiendo ni la mitad de las palabras que uso.
 Nunca dejé de preguntarme cómo hacen los que viven tranquilos. Acepté darle el beneficio de la duda a los prejuicios que todavía no pude comprobar; sin embargo creo conocer personas que viven, creo, tranquilas. Esa idea en particular es como una mancha solar en los ojos, se me escapa cada vez que pienso en algún ejemplo. ¿Existe alguien que sea simple? Y el universo externo es también infinitamente complejo.
 Digo que también porque de lo ínfimo a lo galáctico solo tenemos la certeza de conocer un apenas, que crece constantemente y sigue resultando poco; el mundo interno de cada persona tampoco tiene límites, y entre dos cosas infinitas no hay ninguna mas infinita que la otra. O quizás la cagada se la mandaron al principio, cuando basaron al pensamiento en dualidades, dialécticas, dicotomías, sistemas binarios... sin entender que es posible que la infinitud del universo abarque a todas nuestras infinitudes.


 -Perdés mucho tiempo pensando esas cosas. ¿No tenés nada que hacer?
-Si, por supuesto.
-¿Entonces qué te pasa?
-No se, tengo cierta debilidad por lo que no tiene un propósito.
-Todo tiene un propósito.
-Pero para algunas cosas ya pasó su momento. Me atraen más cuando perdieron su utilidad. Tampoco soy el único, fijate cuántas personas se interesan por las especies en extinción. Mirá, si tuviera plata coleccionaría estampillas.
-Se hace buena guita con el ahorro postal.
-Si, y no tengo ni idea de cómo funciona. ¿Te parece tan raro? A mí me atraen las cuestiones en desuso, como el concepto de falsa conciencia de clase, o el signo de interrogación abierto. Parece un anzuelo, ¿cierto? De acá a cierto tiempo van a desaparecer, y si eso pasa me da exactamente lo mismo; pero tienen algo, qué se yo. Me pregunto quién los habrá inventado a los signos. Son muy representativos; el de exclamación es dinámico, el de pregunta serpentéa... No se me ocurre una forma mejor o más simple de dibujar las expresiones.
 Puso los ojos en blanco:
-Matate.

21 June, 2014

·PLANTEOS·

Por cada paso que avanza, Aquiles tiene que recorrer la mitad de la distancia que le queda para alcanzar a la tortuga. Esa fracción se multiplica infinitamente, de forma que nunca pueda alcanzarla: es la paradoja de Zenón.
 Hace mucho que sabemos que la revolución está en las mentes, que no hay objetos sino discursos; hace más tiempo que ignoramos la falsa naturaleza de los planteos. Nuestra capacidad de reconocer el mundo consiste en interpretaciones, en formas de explicar y de entender, que se remontan hasta nadie sabe cuándo, y que se extienden por las dimensiones de lo intersubjetivo, remitiéndose entre sí, dándose sentido, manchándose, hasta lo infinito.
 El valor de una afirmación depende siempre de la forma en la que se la formula: no hay realidad sin reglas, pero no hay reglas. Las inventamos para jugar, justamente, para darle valor a lo que hacemos.



El problema es que nadie puede seguir las reglas: no solamente porque solo existen en el plano de lo ideal, sino (y esto es lo mas perverso) porque siempre están planteadas de forma que sea imposible vivir dentro de ellas. No están armadas para seguirlas, sino para asegurarse el resultado antes de empezar a jugar. Por eso la pequeña diosa de la victoria con alas dice just do it: la victoria no está al final de la carrera, sino al principio de las reglas.
Nada está, dentro del juego, a nuestro alcance: solo la capacidad de aparentar, de ser comprendidos como algo parecido a lo que nos imaginamos que debe ser un ganador.
El mundo nos entra por los sentidos, pero los sentidos se someten a las interpretaciones: las hipócritas reglas. Todo consiste en fama y prestigio. Y la fama, ya lo dijo Lawrence de Arabia, es un brillo cegador.

03 June, 2014

Sobreactuado


-¿Alcanzó a decir algo?
Parece que era su cumpleaños.
-Estábamos muy lejos, no se veía la cara.
Pudo ser mejor, qué se yo.
-No deberías haber dicho nada.
Igual ya estaba en las últimas.
-¿Lo envenenaron con un salero?
Supongo que algo pasaba.
-Che, no la estoy pasando bien.
Claro. Era obvio para todos.
-¿No tenías que ir a la escuela?
Se cansó de mentirle al mundo. ¿Nadie lo vio? ¿Nadie lo ayudó? Es otro tema. ¿Sabés lo que te pasa, nena? Estas llena de problemas. Vas a aprender a callarte la boca.
No me gustó, demasiado sobreactuado. Estaba pensando pagar un disfraz para entrar a esa fiesta.
-Me lo crucé en la escalera.
Nos contó que es adicto al juego.
-Bancá. Creo que me quiero ir.
(Se termina cuando yo digo)
-¿Usa anteojos? ¿Tiene barba?
-Al principio sí. Y era eso, o prenderse fuego.
Le pareció que hablaba en serio.
Capaz estás exagerando. ¿Hay cadáveres?
La tortuga, el velero y los pies ligeros.
-Prestá atención, fijate bien. Otra vez me quedé sin crédito.
 Del uno al diez, ¿Cuánto me das?
Qué se yo. Pudo ser mejor.
-Justo o injusto, no es lo que importa.
¿Me querés? ¿Me entendés?
-Creo que voy a vomitar.
Debería darte vergüenza.

11 May, 2014

¿Cerrarías la puerta antes de irte?


-Bueno, gracias.
-¿Gracias por qué?
-No se, por todo.
 El ambiente era incómodo. Se le escapó una lágrima, que trató de esconder contra mi hombro. Pero no estaba triste. Comenzó a reírse, sin darse cuenta.
 -¿Qué pasa?
 -Nada -mintió-. Quiero vestirme, voy a arrancar para casa.
 -¿Y si esperás hasta que no llueva?
 -Todo bien, no pasa nada.



 Deslizó el brazo por la manga de la camisa. Me di cuenta que le estaba costando vestirse.

 -Si querés podés quedarte a dormir.
 -Mejor no -contestó- se va a hacer tarde.
 -Como quieras.
 Después ya no habló. Se levantó, sin decir nada, y miró por la ventana. Afuera estaba el apocalipsis.
 Me giré hacia la pared:
 -¿Cerrarías la puerta antes de irte?
 No me hizo caso. El ruido del ascensor se fue lo último que me dejó. Existe la noción de que un clavo saca otro clavo, que hay muchos peces en el mar. No sé si quiero comprobarlo.

27 April, 2014

IBA PARA ESE LADO



El colectivo cerró las puertas e intentó arrancar, justo cuando me estaba acercando. El tipo se calentó porque me trepé de un salto y tuvo que frenar para no llevarme agarrado de la manija. Entré sin saludar:
-No te voy a esperar hasta que tengas ganas de subirte.
-¿Y me vas a pisar por eso?
-No es mi problema, yo llego a la parada y arranco, si vos no estás no estás.
-Bueno, cobrame. La próxima vez esperá, ¿qué vas a hacer si pisás a alguien?
-No me importa.
-¿No te importa?
-No, si vas a andar paseando no es mi culpa, además...
Marcó el boleto de $3.
-No me importa.
-¿Qué?
-Que no me importa. Lo que tengas para decir no me importa.
Me alejé hasta los asientos del fondo. Viendo que la gente estaba pendiente, intentó hacerse el macho:
-¿Qué dijiste flaquito? Vení para acá.
Lo ignoré.




Nos tiramos en la cama sin saber qué esperar de la vida. De alguna extraña manera teníamos la convicción de que no se ponía mejor que esto. A la sociedad no le importaba si nos dirigíamos hacia un final precipitado ahogándonos en nuestra basura, todos coincidían en un odio irracional contra las pandillas bolcheviques y la falacia del locus amoenus. La decepción de muchos intentos derivó en un anhedonismo consumista lleno de rencor hacia la vida y la juventud.
-¿Por qué me seguiste esa tarde?
Pensé mi respuesta durante un momento.
-¿Preferirías que no lo hubiera hecho?
-No es eso. Yo te había lastimado mucho, ¿por qué no te fuiste, y punto?
-Sí me fui.
-Pero me seguiste, y acá estamos.
-No te seguí.
-¿Entonces?
-No se. Iba para ese lado.
Dejamos de hablarnos hasta que se me durmió el brazo. Tuve que molestarla para acomodar la almohada. El futuro prometía más nimiedad, más miedo, más promiscuidad y relaciones más livianas; parece que era fácil vivir así. Los grandes proyectos de la humanidad consistían básicamente en celulares invasivos, trabajos de medio tiempo y calzas que se metieran en el orto. Para quejarse estaba el arte, y para relajarse los bares.

Dichoso aquél que lejos de los negocios,
como la antigua raza de los hombres,
dedica su tiempo a trabajar los campos paternos con sus propios bueyes,
libre de toda deuda,

y no se despierta como los soldados con el toque de diana amenazador,
ni tiene miedo a los ataques del mar,
que evita el foro y los soberbios palacios
de los ciudadanos poderosos.


En el mundo no había lugar para nosotros. Una vez me rompí los nudillos contra un árbol pensando en eso. Pero en realidad no era por eso, en realidad no me importaba.

25 March, 2014

Vértice

Los delirios de una fiebre que no era fiebre le hicieron divagar, primero, por un infinito oscuro donde la única división era la del horizonte que separaba al mar profundo de una noche sin estrellas; luego, sintió el vértigo de la velocidad y aunque estaba ciega comenzó a ver colores sin forma. Los sonidos eran temperaturas y recordó las historias de su niñez.



 En su viaje conoció gigantes, desnudos y elocuentes. Le llamó la atención que las mujeres le sonrieran sin envidia ni malicia; eran todos pobres. Le contaron una fábula que ya conocía, donde la luna y el sol se perseguían, pero que no pudo recordar, y al crecer la tarde sintió la tentación de alimentarse de un pez que jugaba cerca suyo en el arroyo. Con inseguridad se lo llevó a la boca, y lo vio sonreír mientras le arrancaba la carne de su lomo con los dientes: era un alimento blanco y jugoso con el sabor de una fruta que se hacía más y más jugosa a cada momento, hasta que tuvo que escupir un bocado de agua pura. Sin embargo, sintió que se ahogaba, porque no podía parar de vomitar grandes bocanadas de esa leche de coco blanca e insípida, o tal vez metálica. El pez permaneció cerca suyo, nadando, mientras ella desesperaba. El mar la tapó y sintió que no hacía pié; cuando miró hacia el abismo pudo contemplar una multitud pálida, que eran los muertos.
Intentó hablarles, pero no consiguió emitir ningún sonido. De verdad que lo intentó, lo estaba intentando. No podía, era cierto que no podía, y los muertos la miraron dando a interpretar que no le creían.
Cuando se despertó le dolía la cabeza y el hígado.

16 March, 2014

MANGATA

Sonó el timbre del domingo al mediodía. Era, como siempre, una vieja pidiendo ropa o comida, o cualquier cosa que pudieran darle. Sin ponernos de acuerdo decidimos ignorarla (tampoco hablamos de eso), y un largo suspiro suyo anunció que no podíamos seguir durmiendo. La resaca era un problema, que no le agregaba ni quitaba belleza a la tarde nublada y tranquila.
 Hizo un café para cada uno, lo tomamos escuchando a Jobim acariciando el piano con ese deje de saudade que no se puede explicar sin caer en adjetivos presuntuosos y vacíos. La miré con desprecio por una fracción de segundo, preguntándome si elegía ignorar todo aquello del mundo que no podía conciliar con nuestra vida feliz, o si directamente no le importaba nadie. Tenía la mirada perdida, clavada en la mesa; masticaba un pedazo de pan árabe con casancrem.
 -Eu, -me dijo- ¿vamos a ir al Teatro?
 Recordé eso del ballet. Ni siquiera sabíamos qué daban, pero teníamos un par de entradas. Me rompí la cabeza tratando de encontrar una respuesta que no redundara en un como quieras mutuo y perpetuo.



 Al rato bajamos. Ni siquiera quedaban policías en la calle; la fiesta se había terminado, dejando una alfombra de hojas y papeles que se extendía por las veredas silenciosas, mientras que los perros olfateaban el vómito seco de las baldosas. Los recuerdos de la noche fueron apareciendo en el camino, generando risas espontáneas y golpes en el hombro. Ahora iban a ser anécdotas, y ya no me las podría olvidar nunca, como no puedo olvidarme de nada: en un claro de luna que llenaba el vacío profundo entre los edificios, nos quedamos bailando muy, muy lento. No me asusta que la arena de la mediocridad tape esos recuerdos, perdí el miedo a perderlos. Perdón por tan poco, digo y repito. Perdón por tan poco, todo este tiempo.

04 July, 2013

INFIERNO Y PESADILLAS PLACENTERAS


 Cuando le digo a la gente que Sir Isaac Newton murió sin ponerla, nadie se sorprende: parece obvio que no podría haber descubierto tantas cosas y andar con minas al mismo tiempo. Sin embargo, destaco el hecho de que vivió como 80 años en un país de lo mas ñoño, en una época donde "no se qué onda". Como sea, he llegado a pensar otra cosa: creo que a las mentes que rompen con el sentido común, que logran desligarse de la conciencia ajena, que pueden ver mas allá de lo establecido; a esas mentes la cópula les resulta un acto grotesco. Y en cierto sentido lo es, resulta de lo mas alienígena visto desde afuera de los sentimientos, es irreconciliable con la razón y la lógica.
 La ley de la vida impone la necesidad.
 La necesidad y la justicia son las diosas que vio Parménides.
 Nadie se acuerda del Bosco. Su nombre tiene una historia interesante, llena de subtexto. No fechó ningún trabajo (casi ni los firmó), y son piezas maestras de trabajo artístico inimitable.




La humanidad le da asco, tanto la Historia como la sociedad. La moral le da asco. Noticias del nuevo continente acaban de llegar, pero el Hombre no es capaz de salvarse ni aunque se mudara de planeta. El Bosco nos muestra mecanismos, no personas.
 Pero, entonces ¿para qué advertirle a la humanidad su propia naturaleza? Porque de eso se trata, de naturaleza, y de pérdida de naturaleza. La vida es caos, y el no caos no es vida. Arriba los santos permanecen inmóviles, pero por todos lados los acechan siete pecados porque cualquier pensamiento podría volverlos humanos.
 Somos humanos. Sentimos, tenemos una forma que muchas veces está atravesada de contradicciones, e incluso esa forma propia es plástica. Estamos perdidos en el bosque de los sentimientos, pero hay ciclos y los hemos encontrado; incluso hemos visto la forma de burlarnos de la Necesidad y la Naturaleza. Somos caóticos por ley, humanos por descarte.
 Si quitáramos las máscaras de la moral, si repentinamente amaneciéramos sin policía, veríamos que el Bosco no pintó surrealidades. Pintó la escencia humana, con asco y con sinceridad. Asco, porque está escondida; sinceridad, porque nadie se siente ofendido por sus pinturas.
 El fin del mundo vive adentro nuestro. Cada uno tiene que encontrar su propio fin del mundo, y la libertad está del otro lado del apocalipsis. Se sabe que nadie hace nada grande sin cortar con la moral y el sentido común, aunque eso no significa que cortar con la moral y el sentido común sea un fin en sí mismo. ¿Cómo saber, entonces, qué es gilada de León Ferrari y qué es grosura de Lars Von Trier? Imposible saberlo de antemano (estamos perdidos en el bosque).

 Pero hay una que nos muestra el camino:






~ ~ ~

26 May, 2013



Puedo asegurar que estoy tan triste mientras escribo encerrado en habitación inadornada, sin nada que llame o acompañe, en esta pieza que nada me dice, solitario a estas horas del anteamanecer en que todo habla de extenuación, de la vida en muerte, del deseo cansado de no volver a la vida, de haber concluido, que siento miedo de saber que tengo un nombre, que soy humano y existo. ¡Qué soledad terrible! ¿Qué estas, Vida, tejiendo conmigo que tanto seguí y te comprendo? Y tú, dulce criatura, pecho de todo amor, dolorida juventud, flor sin sol, niña que ya dejó sin sueños la vida, incomprendida por los malos, inadvertida por los buenos atareados, ¡qué soledad valerosa la tuya, Adriana, que no tienes siquiera la pluma para envanecerte de quejas como yo en mis cobardías! ¡Adónde voy cayendo! Mis páginas serán siempre veraces. No habrá una de ellas sin el nombre de Adriana, que es mi verdad, sin mi sufrir, que no puedo vencer, sin las fábulas forzadas con que procuro defenderme, hacerme querer de la Vida optimista. En esta desierta hora y abandono, tan débil, tan vencido soy que estoy escondiéndome de todo, porque cualquier cosa que me tocara, una mariposa que volara, un papel que cayera al suelo me derrotaría; si sólo viera escrito mi nombre en algún sobre... ¡Si es sólo el temor de caer más, solo aquí, que me contiene! ¿Hubiera imaginado yo ir cayendo así desde hace tres años, a esta tenuidad, a esta nada de cosa humana tan exangüe que el saber que tengo un nombre entre los sueños y los vivires es un miedo para mí...?
(...)
Desde el silencio a que retorno, desde las sombras de las cuales no salí nunca para ti, yo que no habité, no habitaré nunca tu camino, que no conoceré nunca el son de tu voz, tus risas, ni miraré tus lágrimas, que no seré nunca una imagen en tu retina ni un pensamiento en tu alma, pero que te he conocido en un instante tan plenamente como si fueras una obra de mi deseo, yo que no creo en la muerte de los que aman, ni en la vida de los que no aman, te digo lo que no me oirás nunca, y que ya sabes: que es imposible que no seas feliz. Y, sin embargo, nos encontraremos; no aquí en la fantasmagoría terrena, sino en la eternidad del yo indestructible, continuo y consciente de su eterna continuidad pasada y a transcurrir. ¡Nos hemos conocido y amado, cuántas veces!

28 March, 2013

...O no



Lo soviético no me quita lo bailado. El viento cada vez mas fresco acumulará hojas amarillas en la vereda, de nuevo. Ya lo sé. Pero siempre siempre diferente.
Irán pasando cosas, de alguna u otra forma, impredecibles. Anoche puse unas monedas y marqué el número que me diste. No se para qué me lo diste, no se cuántas monedas me quedan.
Es verdad, puede ser. Tenes razón.
Estoy perdiendo el control. Pero creo que eso no es lo preocupante, no tanto como que no se lo estoy dando a nadie.
Deme pastillas señora. Gracias señora. Muérase señora.

Es como decir: "la piel de leopardo le queda bien al leopardo nomas", o sino: "las luces de navidad están buenas en navidad".
Apología de la naturaleza de las cosas.

O no.

Es interesante ver que no busca ser agradable para nadie.
¿Para nadie? Para nadie.
¿Seguro? Más o menos.

A veces temo por mis recuerdos, que son pocos, y sin dudas no son lo que me propulsa. Hay colores y música de carnaval adentro mío.

Y eso me gusta.
Me gusta.

23 March, 2013



Se iban nomas. Estaba
atado con hilos invisibles.
Sostenido por el tiempo.
Y el tiempo sin sentido,
sostenido.

19 February, 2013

 -Existen ciertas historias muy antiguas que cuentan que cuando Twasthei hizo el mundo se quedó muy perplejo antes de crear a la mujer, y permaneció así durante largo tiempo antes de escoger los elementos necesarios para darle forma. Te advierto que hablo de la mujer india, y no de las demás razas.
 -Continúa -dijo Sandokan.
 -Tomó la redondez de la luna, la flexibilidad de la serpiente, la elegancia de las plantas trepadoras, las vibraciones de un tallo vegetal, el color aterciopelado de las rosas y la ligereza de sus hojas, la mirada del cordero y la alegría del rayo de sol, el llanto de la nube, la inconstancia del viento, la timidez de la liebre y la vanidad del pavo real, la dulzura de la miel y la dureza del diamante, la crueldad del tigre y la frialdad de la nieve, la charla de las garzas y el arrullo de las palomas.


31 December, 2012

Entonces todavía tenía 17 años. El curso de ingreso de la Facultad de Ciencias Naturales terminaba con una serie de exámenes. El de antropología incluía un múltiple choice acerca de qué cosas entraban en el campo de estudio de la arqueología. Cuestión que una de las opciones era "Los restos dejados en un basurero" a lo que yo había puesto que no correspondía. Pero según el profesor sí entraba. Le pregunté por qué. Contestó: "nunca dije de qué época", y era cierto.
La mayor parte de los yacimientos arqueológicos son sitios donde se acumulaba lo que consideramos descartable. Podríamos preguntarnos varias cosas, que no vienen al caso, así que permítanme escapar con la siguiente digresión:



 Miguel Ángel encontró al David escondido en el mármol, sacando lo que sobraba. En el futuro solamente van a quedar nuestras lajas de piedra descartadas, idénticas entre sí.
 
Feliz año nuevo

04 February, 2012




Cincomil algo dice el contador. Y lo puse un año después de crear el blog, para ver si entraba alguien. Mas de la mitad deben ser visitas mías, pero también un poco de gente leyendo tiene que haber. Porqué me preocupa? no se, pienso en esto como un medio de comunicación roto, incompleto. El hecho de que tenga un uso terapéutico es lo que lo hace seguir vivo. Y así seguirá hasta que los gringos reseteen los servers y todo se pierda para siempre. Hacer un resguardo de lo espontáneo sería denigrante. No women no children. Es así de simple, es así desde siempre: internet lleva las leyes de la selva, y no hay poder en el mundo que pueda quitarle a su gente la comodidad que ya consiguió...